Quien esto escribe, a pesar de ser un adolescente por aquellos a帽os no viv铆a aislado de lo que suced铆a en el pa铆s. Aquella muerte me impact贸. Cuando le pregunt茅 a un viejo compa帽ero por el ensa帽amiento mostrado con L贸pez por la Triple A que le meti贸 132 disparos en su cuerpo, respondi贸 refiri茅ndonos una an茅cdota que recordamos apenas comenzamos con la redacci贸n de esta nota.
El viejo Jos茅, que no logr贸 sobrevivir al terrorismo de Estado, nos cont贸 aquella historia que luego volvimos a encontrar en un texto de Mao: “Hab铆a una vez un viejo que viv铆a en una zona donde una inmensa monta帽a separaba sus tierras del curso del r铆o que regaba el resto de la provincia. Una ma帽ana el viejo y sus hijos empezaron a atacar con picos la enorme mole. Luego de un par de d铆as un vecino se acerc贸 para convencerlo de lo irracional de la tarea. El viejo le respondi贸: “cuando yo y mis hijos estemos muertos seguir谩n la tarea mis nietos, y los nietos de mis nietos. Alg煤n d铆a seremos m谩s poderosos que la monta帽a y las aguas del r铆o llegar谩n a nuestra tierras”.
“La fuerza del viejo no estaba en los m煤sculos de 茅l y sus hijos sino en la idea que compart铆an. El pensamiento colectivo. Era la idea lo que pod铆a derrotar a la monta帽a. Y es eso lo que en el fondo le pasa a los verdugos y torturadores, cuando se ensa帽an con sus v铆ctimas, saben que no pelean contra hombres sino con ideas, y las ideas no pueden ser derrotadas”.
Patotas de la Juventud Sindical Peronista, alcahuetes del submundo de la cloaca de los servicios, polic铆as, asesinos y violadores liberados de las c谩rceles al precio de participar de la represi贸n no dudaban en dar brutal espectacularidad a las ejecuciones de los militantes populares, que seg煤n les hab铆an ense帽ado ya los entrenadores franceses adiestrados en Argelia deb铆an establecer el terror, paralizar a la poblaci贸n, romper con cualquier nexo solidario mediante el miedo. Sab铆an que su misi贸n era exterminar una generaci贸n que avanzaba enarbolando banderas de socialismo y liberaci贸n. La Triple A, el Comando Libertadores de Am茅rica y otros grupos similares, constituyeron la antesala de los Grupos de Tareas que operar铆an luego durante la dictadura olig谩rquico-militar.
La historia del “Negro” Atilio Hip贸lito L贸pez –hab铆a nacido en un hogar de cuna radical y luego, cuando inici贸 su militancia gremial, abraz贸 hasta el fin de sus d铆as la causa peronista- ha sido no casualmente silenciada. Su 煤nico bi贸grafo, Mario Lavroff, recuerda que el padre era empleado de la sastrer铆a de la C谩rcel de Encausados de C贸rdoba y su madre ama de casa. A los 15 a帽os fue cadete en una f谩brica de galletitas. Dos a帽os despu茅s ingresa en la empresa de transporte automotor CATA.
Inteligente, querido por los compa帽eros, con la alegr铆a de la lucha esperanzada en un mundo mejor acompa帽ando cada jornada, logr贸 ganarse el cari帽o de sus compa帽eros. Fue secretario general de la Uni贸n Tranviarios Automotor (UTA) y de la CGT de C贸rdoba. Su hija Patricia lo record贸 en un reportaje: “Lo ve铆amos poco. Se iba temprano y ven铆a tarde. A veces lo ve铆amos solamente en alg煤n programa de la televisi贸n. Cuando vino el Cordobazo estuvimos m谩s de un mes sin verlo. Agust铆n Tosco y Elpidio Torres hab铆an sido detenidos, el se escap贸, pero ten铆a toda la polic铆a detr谩s”. Atilio hab铆a sido detenido antes, en los comienzos de la autodenominada “Revoluci贸n Libertadora”. Al salir, no tard贸 en plegarse a la Resistencia Peronista.
La hija del dirigente relata que “cuando pap谩 planteaba un paro, era un paro realmente. Adem谩s muchas asambleas obreras no tardaron en convertirse en asambleas de obreros y estudiantes”. L贸pez hac铆a cruzar los micros en los accesos al centro de la “Docta” como se帽al del inicio de la medida.
Patricia tambi茅n recuerda que cuando le ofrecieron acompa帽ar a Ricardo Obreg贸n Cano en su candidatura a la gobernaci贸n de C贸rdoba en 1973 dud贸: “qu茅 van a decir los compa帽eros”. Sus pares no dudaron y pensaron que ese puesto era una oportunidad mejor para defender los derechos de los trabajadores por un dirigente insobornable y de una lealtad inamovible con los intereses de la clase.
Como corolario del triunfo popular, el 28 de mayo, a tan s贸lo cuatro d铆as de asumir el Gobierno de la provincia, se celebr贸 otro aniversario del Cordobazo. El escenario se levant贸 en el Boulevard San Juan y Arturo M. Bas. Hicieron uso de la palabra Carlos “Serrucho” Dreizik, en nombre de las 62 Organizaciones Legalistas; Atilio L贸pez, Vicegobernador; Ricardo Obreg贸n Cano, Gobernador y el Presidente de Cuba, Osvaldo Dortic贸s, quien manifest贸 que “en su pa铆s se tiene conocimiento del vigor revolucionario de esta ciudad”, que “trae un fraternal abrazo del l铆der revolucionario Fidel Castro” y que “estar en C贸rdoba es recordar emocionado a ese paradigma de la Revoluci贸n Latinoamericana que fue el Che Guevara”.
El Gobierno del peronismo revolucionario no durar谩. En febrero de 1974, a los nueve meses de haber asumido, fue depuesto por un golpe –“El Navarrazo”- encabezado por el jefe de Polic铆a, Antonio Domingo Navarro, que cont贸 con el visto bueno del presidente Juan Domingo Per贸n.
Atilio dec铆a que por m谩s que fuera un colectivero, C贸rdoba se paraba cuando lo decid铆an en su gremio y en la CGT. Y acotaba, cuando me muera, “toda C贸rdoba se va a parar”.
Y C贸rdoba se par贸. Cuadras y cuadras de gente siguieron el cuerpo de Atilio L贸pez desfigurado por las balas de los sicarios de la Triple A. Como tantos m谩rtires de la clase trabajadora, igual que el Che, el “Negro” Atilio ya era una idea que a pesar de las balas y el silencio de la historiaoficial no dejar铆a de volver -como aquella pica del la f谩bula-a golpear contra la roca una y otra vez, todas las veces que fuera necesario para dar paso a un r铆o de pueblo que al fin logre que germine la justicia social en un pa铆s sin excluidos.
“Quiz谩s su mayor blas贸n haya sido su honestidad personal y pol铆tica. Tuvo entre sus enemigos duros detractores y cr铆ticos, pero ninguno le imput贸 deshonestidad ni corrupci贸n alguna. Atilio integraba en C贸rdoba una suerte de “raza en extinci贸n”, irrepetible en algunos aspectos”, asegura Lavroff en su libro biogr谩fico “Atilio L贸pez, Sus luchas, Su vigencia”, publicado en noviembre de 1995.
El texto subraya: “Cuando es asesinado, viv铆a desde hac铆a a帽os en una modesta casa, de un modesto sector de Barrio Empalme, pr贸ximo al “arco de C贸rdoba”, propiedad que comprara su esposa en 1963. Inclusive cuando fue Vicegobernador, se neg贸 a habitar con su familiar uno de los chalets de la Casa de Gobierno. Ten铆a un autom贸vil, que sus amigos terminaron de comprar y ning煤n ingreso. Eso era todo su patrimonio econ贸mico a la fecha de su muerte”.